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Mostrando entradas de noviembre, 2014

Felicidades

Hoy tus ojos llegaron
a la ciudad del Lerez,
hace ya treinta años.
Y le lloraste al mundo tu llegada,
con valor, con energía.

Ojos marrones,  pelo oscuro algo rizado,  y un corazón tan grande  como el Universo.
Tres décadas de vida
que no se resumir
en unos versos,
porque dan para un libro.

Y te hacías mayor,  contagiabas de vida  todo lo que tocabas,  y así hacías felices  a cuantos tenían  la ocasión de mirarte.
Eres de la tierra donde
se mezclan los prados verdes,
con playas infinitas.
Donde la lluvia
no deja paso al sol, donde a veces
solo brillan tus ojos.

Eres quien ha cambiado  mi manera de ser a mejor,  mi sueño a conseguir es tu amistad,  mi único deseo volver a verte,  aunque existan distancias insalvables.

Pequeño

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Aun te recuerdo
en la barriga de mamá,
como acariciaba suave "tu casa".


Te vi recién llegado al mundo,  emoción, alegría...tan pequeño  y tan enorme que lo llenabas todo.

Han pasado los meses, ¡tan rápido !
Que ahora tienes ya dientes
y quieres correr antes de andar.
Te he visto crecer,
con tu mami cerca,
y dormido en la cuna.


Hoy has dicho con tu lengua de trapo
" ia buabua" y Tita Laura
te se ha comido a besos.


Te gustan los columpios,
y las hojas del suelo, los perros,
y todo lo que haga ruidos.



Crecerás pequeño Juan
y ya no podré tenerte en brazos,
pero tu sonrisa pícara, contagiosa,
no cambiará nunca.


Mientras corra el reloj

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Niebla nocturna, ojos marrones  que se cruzan y se miran. Que se iluminan  mientras corre el reloj  en su última noche.

Llueve sobre dos rostros que se aman. Es un segundo, lo que dura  ese beso fondente, que describe
en silencio, un mar de sentimientos,
alegrías y penas removidas.



Bajo la noche nos decimos adiós,  y distanciados me resigno a perderte,  te giras para verme, y me alcanzas,  de nuevo es tu cuerpo el que me toca.

Quien pudiera detenerte, reloj,
en ese instante tan dulce,
beso de miel, labios de azúcar
canela en la piel.


Detente vida, para quedarnos juntos,  una vida tras otra, hoy, mañana, que me acojan tus brazos,  y que nunca se rompan nuestros lazos.


Noche de otoño.

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Noche de otoño,
que has llegado a mi hogar.
Viento que penetras por cada rincón
haciéndome temblar.


Noche de otoño, y de luna llena,
el frío me ha dejado anclada,
mi voz se queda helada,
sin poder hablarte.


Apenas las farolas alumbran  las calles de mi Zaragoza,  y nos envuelve una densa niebla,  que empaña los cristales  donde se escribe amor con letras grandes.


Noche de otoño,  que acabará dejándome  dormida, arropada,  en un rincón lleno de sueños.

Tarde de baile

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Acordes de guitarra,
palmeros y un cajón,
en el kiosco de música
mis pies bailaban solos al compás.




Avanzo por la plaza  mientras cae la tarde.  Y se oyen castañuelas  a son de jota.


Punta, tacón y vuelta entera,
cuatro palmas al son,
en medio de la plaza.





Envuelta por la luna,  bajo unas escaleras,  cierro los ojos, medito,  y relajo mi cuerpo,  tras el último baile.