sábado, 30 de agosto de 2014

El polvo de mi carne

En mi almohada 
te duermes acurrucado 
siempre soñoliento.

La luna nos mira
enamorados,
soñando uno con otro.


Breves pasan las horas
el sol nos oye despertar,
un día para luchar nos espera,
la vida nos separa.




Desde entonces sólo eres
recuerdo de una sombra,
cenizas de mi hoguera,
el polvo de mi carne,
lo que más ansío en vida.

La marca de mi piel, 
que más conservo.



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